Llevar al extremo a nuestros hijos, tiene consecuencias.

Todos tenemos madre, y siempre hay quien está dispuesto a recordárnoslo.

Cuando somos pequeños, su presencia y su cariño son definitivos para adquirir seguridad y para ser muy felices. Cuando somos adultos, romper el cordón umbilical significa un largo y doloroso proceso. Es una ruptura para ambas partes y es muy difícil que se resuelva pronto.

Se supone que es la culminación del tránsito entre la adolescencia y la edad adulta. Pero con frecuencia se trata de un camino que se queda trunco, como las carreras universitarias… y “nunca nos titulamos”.

No estamos hablando de las madres abnegadas que llevan de la mano en la gran ciudad a sus hijos pequeños, quienes miran el mundo absortos, y a quienes les limpian los mocos. Tampoco de la “cabecita blanca” de mirada vidriosa que nos recuerda a la abuelita de México desde su mecedora. No. Me refiero a las mamás entre cincuenta y setenta años que tienen hijos entre veinte y cincuenta. Los hijos, en la plenitud de la vida y ellas, con suficiente energía para recordar que Madre, sólo hay una.

Este es uno de los temas fundamentales de la película el Cisne Negro o Black Swan, que está nominada a Mejor Película en la 83ava. entrega de los Oscares. http://www.oscars.org/awards/academyawards/index.html Official Trailer: http://www.youtube.com/watch?v=5jaI1XOB-bs´

Probablemente por razones comerciales, la mayoría de las reseñas y el propio trailer se concentran en la rivalidad de dos bailarinas: Nina Sayers (Natalie Portman) y Lily (Mila Kunis). No obstante, considero que el aspecto más desgarrador de la película es la vorágine de desastrosas consecuencias del comportamiento de la madre de Nina, Erika Sayers (Barbara Hershey), sobre su hija.

La película, que seguramente será galardonada como la mejor de 2010 por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos el próximo domingo, http://content.foxsearchlight.com/inside/node/4656 muestra una situación extrema de la relación adulta entre una hija y una mamá. Ese es uno de los temas que menos nos gusta ventilar a los adultos, pero que define importantes aspectos de nuestra vida e influye en la manera de relacionarnos con otras personas.

Como ocurre a la mamá de Nina, es muy difícil que las madres dejen de querer controlar o influir sobre una parte de la vida de sus hijos adultos. Y para ello, pueden seguir diversas estrategias.

En la cultura que vivimos, difícilmente se dicen las cosas abiertamente. Así, una de las técnicas socorridas es practicar el procedimiento terrorista denominado: “El Silencio de los inocentes”. La coautora de nuestros días nunca se va a quejar abiertamente de lo que hacemos, pero normalmente estará en desacuerdo con la mayoría de nuestras decisiones. Todo son sugerencias, respetando mucho, eso sí, porque “ya somos adultos”. Pero en el fondo, subyace un deseo de controlar a través de medios no convencionales, que pueden ser telepáticos, o simplemente clavando la banderilla verbal para que sintamos el aguijón toda la tarde. En la película, la mamá de la bailarina se la pasa “ayudándola” a preparar sus zapatillas pero está todo el tiempo absorbiéndole el tiempo y la privacidad.

Otra técnica es recordarnos que somos una torta bajo su brazo. Y que el agradecimiento debe traducirse en acciones concretas que coincidan con su manera de ver el mundo y la vida. Esta técnica, que se puede llamar “la losa del Pípila” se nos puede dejar caer en aspectos tan importantes como la administración del patrimonio familiar, la educación de los hijos y ni se diga si tomó la decisión de separarse, divorciarse o arrejuntarse en segundas nupcias, porque la cosa se puede poner más densa. En el Cisne Negro, la mamá de Nina se la pasa negándole la posibilidad de que se vuelva adulta. Tiene habitación y decoración de niña y debe obedecer sin chistar, como una pequeña bailarina de cajita de música.

Otra manera de jalarnos la rienda corresponde a la mamá Juana de Arco y Heroina del Bicentenario. No necesita de nuestra ayuda. Es independiente. Se mueve sola. No necesita que nadie le recuerde que puede estar en la edad de los achaques, razón por la cual estamos con el “Jesús en la boca” porque la señora sigue conduciendo o haciendo mandados a quien sabe donde, podando los árboles o cargando cuatro cuadras el bote de la basura para perseguir al camión. De ninguna manera es mala la buena salud de las madres. Pero la incapacidad para recibir cualquier ayuda es lo que resulta un comportamiento francamente neurótico. Esto no ocurre en el Cisne Negro, donde la madre de la bailarina de plano vive emocionalmente a expensas de su hija, en un duelo interno en el que gana la envidia porque, a diferencia de ella, Nina sí trascendió el cuerpo de baile y el pas de quatre.

Estos son sólo tres botones de muestra. Difícilmente vivimos una ruptura que nos lleve a una relación entre dos personas adultas, sin lastres que cargar o heridas que lamentar. Y menos en un país en que la figura materna es intocable, en donde hablar de frente es tan difícil.

Por otra parte, siempre buscamos rehuir el conflicto, pues no aprendemos a vivirlo de forma civilizada, como una parte normal y enriquecedora de nuestras vidas, sino como una afrenta que ha de terminar con un portazo, una agresión, reproches o una mentada de Madre.

El conflicto interno que los adultos vivimos entre los treinta y los cincuenta años, cuando nos volvemos padres –y, por lo tanto, cuando nos llega la oportunidad de echar a perder a nuestros propios hijos–, es como una segunda adolescencia en donde decididamente hay que eliminar una parte de lo que fuimos, para lograr dar a luz a nuestro cisne negro y para que nuestro cisne blanco ya sólo quede retratado en las fotos amarillentas de nuestra infancia.

Foto: http://fenixpahediblogpage.blogspot.com/2011/01/black-swan-2010.html

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Comentarios
  1. Cecilia Aguilar dice:

    Independientemente de que “Black Swan” gane o no el Oscar, es una película que plasma con mucha precisión y claridad el mundo cercado por la locura que nace de sentirse atrapado, no sólo por las garras de mamá controladora, sino por uno mismo. Y para comprender tal conflicto existencial, se evidencia el origen de la confusión en la figura castrante de la mamá de Nina que desea retener y controlar a “su pequeña” para modelarla a su antojo. Es una pretención generalizada de toda mamá: que sus retoños la hagan trascender en el tiempo a partir de sus enseñanzas, y por supuesto, cumpliendo los requisitos que ella considere aceptables y adecuados. Y ahí comienza la sufridera, el conflicto y los pleitos. Llegada la hora de crecer y parirse, establecer límites sanos y claros ayuda mucho a suavizar la ruptura. No estoy segura de que todos pretendamos vivir esta separación; pero lo cierto es que desde cada uno de nosotros, la historia personal y familiar puede transformarse poco a poco en una relación más liberadora entre dos adultos, madre e hijo o hija. Es una lucha que creo que vale la pena emprender. ¡Excelente artículo! ¡Y ya veremos si gana o no!

    • efrengg dice:

      Efectivamente, no necesariamente todo mundo está dispuesto a vivir ese proceso. Significa conlflicto, que es sinónimo de algo malo en nuestra cultura. Como si no fuera lo que verdaderamente puede originar crecimiento. Y ahì subyace, creo, una de las fuentes más profundas de la cultura aurtoritaria que vivimos. La simple consideraciòn de opiniones distintas, es decir, el respeto a la diversidad, es algo que no pasa en esquemas autoritarios como la mayoría de los matriarcados de este país. Este renacer como adulto y poner distancia de la madre es una especie de transición a la democracia de los individuos. Eso sí, con la amenaza latente del regreso a la “dictadura perfecta”, a la “represión selectiva” o a la infancia eterna.

  2. Gamaliel Hernández dice:

    La reflexión en torno a una película, a una historia contada, me gusta. Me gusta la agudeza y profundidad con que tocas, propones y compartes un análisis de un tema del que no escapa nadie (todos tenemos madre), aunque le demos la vuelta. Tengo que releer el análisis para digerirlo mejor (me gusta digerirlo con calma), pero me has enriquecido. ¿El autoritarismo es la otra cara de la moneda del paternalismo? ¿se controla motivado por algún temor? ¿temor de crecer y desarrollarnos? ¿temor de aceptarnos diferentes y se nos escurra la identidad?….

    • efrengg dice:

      Mi querido Gamaliel. En primer lugar, es un privilegio encontrate en este, tu espacio. ¡Bienvenido! Yo creo que el paternalismo es una variante del autoritarsimo. Ambos consideran al ciudadano cojmo un pequeño al que hay que cuidar porque no puede decidir por sí mismo qué es lo que le conviene y qué no. Es violento sobreproteger y por supuesto infundir miedo. En un caso, se blinda a la persona de la realidad, encerrándola en una burbuja de cuento. Y en el otro, se le encierra en su propio silencio para que no se le antoje salir a ver el mundo. ¡Cuánto hay que decir sobre estos temas! Y por favor, no dejes departicipar. ¡Gracias, amigo!

  3. horacio dice:

    hablar por que la madre es castrante .? hay alguna frustracion. ? deseos insastifechos?

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